A veces, muchas veces, las cosas no salen como esperábamos. La presentación no estuvo bien. El cliente dijo que no. El proyecto no llegó a los resultados que habías prometido.
El problema no es que las cosas salgan mal. Es a quién le haces caso cuando salen mal. Porque en tu cabeza aparece de inmediato una voz que se pone a buscar al culpable — muchas veces tú mismo: "¿Cómo no te preparaste mejor?" "Siempre te pasa lo mismo." "No estás a la altura de esto." Construye el caso, presenta las pruebas y dicta sentencia. El juicio es rápido y el veredicto casi siempre es el mismo: culpable.
Y no importa si está equivocado. Muchas veces tiene razón. El problema es que casi siempre paramos ahí.
La otra manera de ver las cosas es la del detective. También analiza lo que salió mal, pero no para encontrar un culpable sino para entender qué pasó. Hace otras preguntas: ¿Qué específicamente no funcionó? ¿Qué información tenía y qué me faltaba? ¿Qué haría diferente? Y esas preguntas llevan a un lugar completamente distinto.
Tolerar la frustración no es no sentirla. Es darte cuenta de que tienes dos voces disponibles cuando aparece, y elegir a cuál le abres la puerta. El fiscal te deja con una sentencia. El detective te deja con un aprendizaje.
EL RETO DE LA SEMANA
Piensa en algo reciente que te haya frustrado. En lugar de preguntarte de quién fue la culpa, hazte las tres preguntas del detective: ¿Qué específicamente no funcionó? ¿Qué haría diferente? ¿Qué puedo aprender de esto?
— Gracias, Raziel, por sugerir este tema. 🙌

