Hay un videojuego en el que vas en un tren a toda velocidad y de repente, sin aviso, la vía se divide. Izquierda o derecha. No lo pediste, no lo planeaste. El camino simplemente se bifurcó.
En las organizaciones pasa igual. Hay momentos en que llegan cambios que nadie buscó: una reestructura, una reducción de equipo, una fusión. De un día para otro, algunos compañeros toman el camino de la izquierda y salen a buscar nuevos retos en otra organización. Otros se quedan en el de la derecha. Pero para todos, el camino cambió.
Para los que se van, la experiencia —la mía y la de muchos— dice que al final siempre están bien. De hecho, casi siempre están mejor. A veces la vida nos pone esas bifurcaciones precisamente para empujarnos hacia donde más nos conviene, aunque en el momento no lo parezca.
Pero el camino de la derecha también es un cambio. Las personas con las que trabajabas ya no están. El equipo es diferente. Y ahí es donde entra la resiliencia, que no es lo que muchos creen que es.
Resiliencia no es aguantar golpes y levantarse. Es algo más específico: es la capacidad de encontrar lo que hay de valioso en lo que está pasando, en lugar de concentrarse en lo que se perdió. Los psicólogos lo llaman optimismo realista — no ignorar la realidad, sino elegir conscientemente en qué parte de esa realidad pones el foco.
Cuando la vía se divide, el tren no se detiene. Sigue. La pregunta no es si el cambio es bueno o malo. La pregunta es qué haces tú con el camino que tienes delante.
EL RETO DE LA SEMANA
Si estás viviendo un cambio en tu organización —o en cualquier área de tu vida— haz este ejercicio: escribe tres cosas concretas que el cambio abre o hace posible, que antes no estaban. No las que "podrían" pasar. Las que ya puedes ver hoy. Eso es el optimismo realista en acción.
— Gracias, Fernando García, por sugerir este tema. 🙌


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