Hace unos años tenía el sueño de ser millonario. Empecé a estudiar el tema y leí muchos libros. Descubrí que es perfectamente viable. Es cuestión de aprender los principios básicos de finanzas, trabajar las creencias limitantes sobre el dinero y, claro… invertir mucha vida a cambio.
Uno de los libros me lo dejó clarísimo: si quieres ser millonario, esa debe ser tu prioridad por encima de todo. Le metes mucho tiempo, toda la energía, todo el foco… y lo consigues. Ya. Pero, ¿estaba dispuesto a pagar ese precio? Pues no.
El resultado: no soy millonario. Decidí invertir mi vida en cosas que, para mí, son mucho más importantes que mi cuenta bancaria.
Esto de que el precio de cualquier cosa es la cantidad de vida que ofreces a cambio aplica no solo a las grandes decisiones, sino también a todas esas pequeñas decisiones que tomamos cada día.
¿Cuánta vida le vas a meter a una reunión que no lleva a ninguna parte? ¿Cuánta vida vas a gastar con gente que no te aporta nada? ¿O en proyectos que no tienen sentido para ti?
Desde que tengo claro que lo que realmente pago cada día con mi tiempo es la vida que gasto en esa actividad, intento asegurarme de invertirla en cosas que valen la pena.
EL RETO DE LA SEMANA
Esta semana vas a gastar 7 días de tu vida. No es una metáfora, es literal.
Antes de aceptar algo, antes de decir que sí casi en automático, párate un momento y hazte una pregunta sencilla: ¿esto merece el trozo de vida que le voy a dedicar?
No hace falta que lo cambies todo de golpe. Pero sí que empieces a notarlo. Porque en cuanto lo ves, hay decisiones que dejan de salirte solas.
(*) Basado en la frase “The price of anything is the amount of life you exchange for it.” de Henry David Thoreau.

