La motivación de tu equipo depende de muchas cosas, pero hay tres que afectan a todo el mundo: claridad (qué se espera de mí), progreso (sentir que avanzo) y reconocimiento (que alguien lo nota).
Empecemos por la claridad.
Es muy probable que tú tengas clarísimas las prioridades, los objetivos y hacia dónde quieres ir. Llevas semanas pensando en eso. Pero también es muy probable que tu equipo no lo tenga tan claro como crees.
Lo que para ti es obvio, para ellos puede ser ambiguo. Y cuando no hay claridad, la energía se va en adivinar en lugar de avanzar.
Luego está el progreso.
Muchos líderes creen que su trabajo es empujar resultados. En realidad, una de sus tareas más importantes es destrabar. No eres el que más hace; eres el que se asegura de que los demás puedan avanzar. Quitar obstáculos, definir prioridades, resolver dependencias. Cuando el equipo siente que avanza, la motivación aparece casi sola.
Y la más olvidada de todas: el reconocimiento.
Tienes un equipo de alto desempeño. Cumple. Resuelve. Entrega. Y como todo funciona, asumes que no hace falta detenerse. Pero si lo único que llega después de un buen resultado es más trabajo, el mensaje silencioso es claro: nada es suficiente.
No se trata de aplausos exagerados. Se trata de detenerte cinco minutos, nombrar el esfuerzo y agradecerlo de forma concreta.
La motivación no se inyecta, se construye.
EL RETO DE LA SEMANA
Esta semana elige una de las tres: claridad, progreso o reconocimiento y mejora intencionalmente solo una esta semana con tu equipo.
🙏🏽 Gracias a Angie Heredia por sugerir este tema.

