“Te escribí y me dejaste en visto.”
Y tú pensando: ¿dónde? ¿En WhatsApp, en el correo, en Teams, en el grupo, en el otro grupo?
Vivimos conectados por todos lados. Mensajes, correos, ideas, procesos, notificaciones que suenan mientras intentamos concentrarnos. Y en medio de todo eso, el deseo genuino de hacer un trabajo ordinario extraordinariamente bien. No solo cumplir. Hacerlo bien.
El problema es que estamos intentando dos cosas al mismo tiempo: estar siempre disponibles y producir con calidad. Y eso no funciona.
La excelencia necesita concentración. La concentración necesita silencio. Pero las notificaciones no paran.
Entonces aparece la angustia. Sientes que te esfuerzas, pero no es suficiente. Respondes mucho, pero avanzas poco. Estás en todo, pero no estás realmente en nada.
No es un problema de actitud. Es de organización.
Tu cerebro no fue hecho para cambiar de canal cada tres minutos y luego sentarse a pensar con profundidad. Tampoco puedes cuidar tu salud mental si vives en modo reacción permanente.
Tal vez no se trata de elegir entre bienestar y productividad. Se trata de dejar de mezclarlos en el mismo minuto.
Cuando estás respondiendo, responde.
Cuando estás creando, crea.
Cuando estás descansando, descansa.
Sin pedirte hacer todo a la vez.
EL RETO DE LA SEMANA
Durante cinco días, define dos bloques diarios de trabajo sin notificaciones. Cierra el correo. Silencia el teléfono. Aunque sea 30 minutos cada bloque.
Y establece un momento concreto para responder mensajes, en lugar de hacerlo todo el día.
Te prometo que no vas a hacer menos. Probablemente vas a hacer incluso más.
🙏🏽 (Gracias Lina María Dossman por sugerir el tema)

