Y ya con eso, la conversación se fue a pique.
Hay palabras que usamos sin pensar y que, sin darnos cuenta, convierten una conversación en un ring: nunca, siempre, todos, ninguno. Suenan rotundas, sí, pero también despiertan defensas al instante. Basta con que alguien diga “siempre llegas tarde” para que el otro revuelva en su memoria buscando esa vez que llegó puntual en 2019, solo para demostrar que la frase es falsa.
Estas palabras no solo son inexactas: son inflamables. Ponen al otro a la defensiva antes de que termines la frase. Y ahí perdiste. Ya no se trata de hablar de lo que pasa, sino de probar con lupa que tu afirmación es falsa. En vez de resolver algo, acabas en una especie de juicio oral con testigos, fechas y alegatos.
¿Alternativas? En lugar de “siempre estás a la defensiva”, prueba con “hoy me pareció que estabas a la defensiva cuando hablamos del tema”. ¿Es más largo? Sí. ¿Más incómodo de decir? También. Pero es más preciso, más justo y más difícil de rebatir. Y eso abre la puerta a una conversación real, no a un concurso de quién tiene mejor memoria.
EL RETO DE LA SEMANA
Esta semana, atrapa al vuelo una de esas frases absolutas saliendo de tu boca y frénala. Reformúlala. No es por corrección política. Es por estrategia. Porque si lo que quieres es que te escuchen, no empieces la frase disparando.

