En cada oficina hay uno. El que llega tarde a la reunión, el que no cumple la meta del mes, el que presenta algo flojo y se le nota hasta en el PowerPoint. Y claro, lo primero que nos sale —sin pensarlo mucho— es: “No se preparó”, “no le importa”, “le da igual”.
Pasa también con proveedores: no entregan a tiempo y lo automático es pensar “solo les interesa vender, pero después desaparecen”. Emitir juicio es rápido, requiere cero información, ningún esfuerzo y da una sensación fugaz de superioridad. Pero ahí va la pregunta incómoda: ¿eso construye algo? ¿Mejora la relación? ¿Mueve el proyecto hacia adelante?
La respuesta es en mayúsculas: NO.
Entender, en cambio, es un camino menos simple, más lento, pero infinitamente más útil. Preguntar, escuchar, considerar el contexto, abrir la puerta a otra versión de los hechos. Todo eso requiere tiempo y energía. Y sí, también algo de humildad. Pero cuando alguien siente que en vez de ser juzgado, fue comprendido, pasa algo interesante: se abre, colabora, mejora.
EL RETO DE LA SEMANA
El reto es simple, pero no fácil: la próxima vez que estés a punto de lanzar un juicio rápido, frena y pregúntate qué historia te estás perdiendo.

