La vida puede parecerse a un lago o a un río. La misma cantidad de agua, pero en el lago todo se dispersa, se queda quieto, sin avanzar. No es necesariamente tranquilidad: es falta de dirección. En cambio el río se mueve, tiene fuerza, y lo que le da esa fuerza es el cauce. En la vida, ese cauce son las rutinas.

Sin rutinas es fácil caer en jornadas interminables, tareas que se mezclan, y la sensación de estar siempre corriendo detrás de algo. Las rutinas no son para gente rígida. Son para gente ocupada que quiere avanzar. Porque el poner horas, al tener la agenda acotada, crea el cauce para lograr resultados.

Una reunión semanal, el café a la misma hora, inscribirte a una clase que te obliga a cerrar la computadora a tiempo, incluso reservar una hora fija para ti —todo eso le pone bordes al día. Y cuando el tiempo tiene bordes, las tareas se acomodan mejor. Si solo tienes una hora antes del almuerzo, te enfocas. Si tu clase empieza a las 7, terminas lo que hay que terminar antes.

No hace falta planear cada minuto. Basta con tener ciertos puntos fijos que le den forma al resto.

EL RETO DE LA SEMANA

Esta semana aprovecha para identificar esas rutinas que ya tienes y observa cómo te ayudan a ordenarte. Evalúa si necesitas crear nuevas actividades con horario fijo que te ayuden a encauzar todo lo demás.


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¿Tu vida es un lago o un río?

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