Últimamente parece que cualquier cansancio ya es burnout. Estás agotado, te cuesta arrancar los lunes, te preguntas para qué haces lo que haces… y alguien te dice que estás quemado. A veces acierta. Muchas otras no.
El burnout no va de estar cansado ni de necesitar unos días libres. Eso suele arreglarse descansando, desconectando un poco o bajando el ritmo durante una temporada. El burnout aparece cuando llevas tiempo esforzándote de verdad y, aun así, sientes que no sirve, que no mueve nada, que da igual cómo lo hagas porque el resultado es siempre el mismo.
Empiezas a cumplir, a hacer lo justo, a protegerte emocionalmente porque implicarte ya no compensa. Y eso no se arregla durmiendo más ni haciendo yoga entre reuniones.
Una señal bastante clara es esta: si paras unos días y al volver sientes el mismo vacío, no era agotamiento. Cuando el pensamiento que se repite es “esto no vale la pena”, conviene escucharlo con atención.
Si estás agotado, descansa. Pero si estás quemado, el problema es que estás en el lugar equivocado. En la situación equivocada. Y normalmente la salida es … salir. O logras que cambie, o te vas.
Pero ojo.. si el tema no es de estar quemado por tu situación laboral, sino que en tu vida personal tampoco te mueve nada, puede ser que estemos hablando de una depresión. Ahí no vale salir, ahí hay que buscar ayuda.
Entonces: si estás bien, que espero que sea así, vamos para adelante. Si estás agotado, hay que recargar baterías o te vas a quemar. Si estás ya quemado, no puedes seguir ahí. Y si ya es más seria la cosa, hay que buscar ayuda.
EL RETO DE LA SEMANA
Identifica si estás quemado o solo cansado. Si todo esto no te aplica a ti, puede que a alguien cercano sí. Ponlo sobre la mesa que lo peor es ignorarlo.
Gracias Esteban Giraldo por proponer el tema.

