Cuando una persona con discapacidad entra a nuestro equipo, no solo llega ella. Llega también la historia que yo me cuento sobre ella.

Tal vez me digo que necesita ayuda…

Que va a ser más lento…

Que no sabrá adaptarse…

O que yo no sabré tratarla.

Y eso no es un dato. Es una historia.

Una narración que armo con lo que creo, con lo que escuché, con lo que temo. No con lo que esa persona realmente es.

El problema no es tener una historia. El problema es no saber que es solo eso: una historia.

Porque cuando lideramos, trabajamos o convivimos desde esa película mental, no vemos a la persona. Vemos el filtro.

¿Y si nos atreviéramos a cambiar de guion?

¿A escuchar antes de asumir?

¿A mirar al otro sin necesidad de entenderlo todo, pero con disposición real?

Quizá ahí sí, empieza la inclusión.

La discapacidad no es el problema.

El problema es lo que nos contamos sobre ella.

EL RETO DE LA SEMANA

Identifica la historia que armas en tu cabeza cuando piensas en trabajar con una persona con discapacidad… ¿es un hecho o es una interpretación? Si finalmente es una historia te invitamos a reescribirla y crear una que te funcione, que te llene, que te haga sonreír.


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