¿Te ha pasado que te pasas horas puliendo una presentación que nadie va a leer completa? O que entregas un informe “como salga” porque ya tienes otra cosa encima. Ni lo uno ni lo otro suenan bien, ¿cierto?

En el trabajo, solemos movernos entre dos extremos: el del perfeccionista, que no suelta nada hasta que está impecable, y el del “cumplidor express”, que va tachando pendientes con lo mínimo viable. Uno corre el riesgo de ahogarse en los detalles; el otro, de perder credibilidad por entregar cosas a medias.

La clave está en identificar el impacto de lo que estás haciendo. ¿Es un documento estratégico que se presentará a dirección? Vale la pena pulirlo. ¿Es una minuta para uso interno? Que sea clara y cumple. No se trata de hacer todo perfecto ni todo rápido. Se trata de saber qué merece perfección y qué puede quedarse en "bien hecho y a tiempo".

EL RETO DE LA SEMANA

Identifica si tiendes a ser más perfeccionista o más “cumplidor express” y durante esta semana, trata de neutralizar esa tendencia natural, buscando que cada tarea tenga la calidad que realmente necesita.


Otros artículos de 60 Segundos con DO IT

La trampa de las pasiones

La trampa de las pasiones
{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
>