Últimamente pareciera que todos tenemos que tener un propósito. Y no uno cualquiera: uno grande, claro, potente, casi celestial.
Y si no lo tienes… te sientes perdido. O peor aún: culpable.
El problema es que hemos confundido el propósito con un objetivo vital que hay que descubrir y cumplir como una misión secreta. Y eso, en lugar de inspirar, agobia.
También lo hemos mezclado con el trabajo. Como si tu empleo tuviera que ser “el lugar donde realizas tu propósito de vida”. ¿Y si no lo es? ¿Y si lo que haces te gusta, pero no es tu gran pasión? ¿Entonces estás fallando?
No. No estás fallando. Estás viviendo.
El propósito no tiene por qué ser una carga, ni un destino final. A veces basta con una intención sencilla: Estar presente. Cuidar a los tuyos. Ser amable. Hacer bien tu trabajo. Ayudar a que otros estén mejor.
Eso también es propósito. Y no necesita espectáculo.
Así que si no tienes claro tu propósito… está bien.Quizá ya lo estás cumpliendo y no te has dado cuenta.
Porque el verdadero propósito no se impone. Se vive.
Gracias Lina por sugerir el tema.
EL RETO DE LA SEMANA
Observa esta semana las cosas de tu vida que, sin saberlo, están llenas de propósito… de ese propósito del que hablamos acá, de ese que tienen las pequeñas cosas que haces en el día a día.
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