¿Llorando o sin llorar?

marzo 8

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“Tengo que ir a la asamblea de vecinos”, “Tengo que hacer una presentación urgente”, “Tuve que quedarme hasta que se acabara la reunión”, “Tengo que pagar los impuestos”, “Tendré que ir al médico a revisar eso”… “Tengo… tengo… tengo…”.

De solo escribir esas frases el agobio se instala en todo mi cuerpo.

¿Te has observado o escuchado o eres consciente de la cantidad de veces que utilizas el tener que… en tu vida, en tus días?

Cada vez que decimos, ya sea a otros o a nosotros mismos, que “tenemos que…” hacer algo, estamos viviendo sin alternativas. Es como si nos pusiéramos un par de esposas y quedáramos presos de esa actividad.

El “tener que” no nos da opciones, nos obliga y nos engaña… ojo… si… nos engaña porque ¡NO ES CIERTO! No tenemos que… hacer nada… absolutamente nada. ¡Así como lo lees!

¿Realmente “Tengo que pagar los impuestos”?

La verdad es que puedo no pagarlos. La verdad es que cuento con la opción de pagarlos y la opción de no pagarlos. Lo que sucede es que las dos cosas traen consecuencias.

Si los pago no me meto en problemas. Si no los pago, sí que me meto en problemas.

Entonces la realidad es que estoy decidiendo entre esas dos consecuencias. No es que tenga que pagar los impuestos, la realidad es que prefiero pagarlos a meterme en problemas. Es decir, lo estoy decidiendo.

Puede que esté decidiendo entre dos “males” pero no por eso deja de ser una decisión que estoy tomando. Y, por cierto, es una decisión bastante inteligente a mi modo de ver.

Vivir el día a día conscientes de que estamos tomando decisiones es muy diferente a vivirlo sintiendo que no tenemos opciones, que nos toca, que es inevitable.

Nadie tiene que trabajar. Elige hacerlo para ganar un salario, para desarrollarse, para crecer.

Nadie tiene que comer saludable ni hacer ejercicios. Elige hacerlos porque prefiere sentirse saludable y mejorar su calidad de vida.

Nadie tiene que quedarse a una reunión o a trabajar hasta tarde. Elige hacerlo porque probablemente es lo más conveniente para su futuro.

Siempre, tendremos alternativas. ¡Siempre! En el peor de los casos, por mal que nos vaya, tenemos la opción de elegir cómo queremos sentirnos, tal como le dijo una vez mi esposa a nuestra hija cuando tenía 4 años y no quería bañarse. “Tú me has dicho que puedo elegir, así que elijo no bañarme” dijo Juliana en tono triunfante, a lo que Lucy contestó rápidamente “No, muñeca, tú no puedes elegir si te bañas o no. Lo que puedes elegir es si te bañas llorando o sin llorar”.

EL RETO PARA ESTA SEMANA:

Te invitamos a descubrirte infraganti cada vez que utilices el “tengo que” y hagas el ejercicio mental de cambiarlo por “elijo”, “prefiero” o “escojo”. Te sorprenderás del nivel de conciencia que vas desarrollando y la libertad que sentirás.

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Conductor o Pasajero y Como lograr resultados ágilmente son los talleres en los que profundizamos en este sencillo y al mismo tiempo complejo tema que nos invita a llevar una vida más plena y libre.

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  • Yo tengo que trabajar para dar de comer a mis hijos. No tengo opciones. Si creyese que puedo escoger, entonces sería un diablo 👹. Lo de escoger reuniones, comida, gimnasio, etc. sí te lo compro ¡¡

  • Me parece todo muy bien y es muy cierto, pero cuando vivimos en otro país donde las palabras pueden tener significados poco oportunos en dicha cultura, es mejor buscar sinónimos adecuados.
    Revisen el reto de la semana, qué significado tiene la palabra «cachar» en Perú.

    • Gracias Claudio!! si… es todo un reto. Nuestra audiencia está en todo el mundo hispano hablante y tenemos mucho cuidado, pero a veces se nos pasan. Ya lo hemos corregido en el blog y en la publicación de Linkedin.

      Gracias por tu comentario.

  • “Tú me has dicho que puedo elegir, así que elijo no bañarme” dijo Juliana en tono triunfante, a lo que Lucy contestó rápidamente “No, muñeca, tú no puedes elegir si te bañas o no. Lo que puedes elegir es si te bañas llorando o sin llorar”.

    jajajaja buena respuesta

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